Universidad del Valle de México Coyoacán

Imagen personal y profesional

La sociedad actual es cada vez más competitiva y exigente. Ofrecer una buena imagen se convierte en una obligación, por ser una herramienta de comunicación imprescindible, tanto en el entorno laboral como en el personal. Recordemos que
Sólo hay una oportunidad de causar una buena primera impresión

La opinión de los clientes respecto a la empresa se ve influenciada por la opinión que estos tienen acerca de su personal y esa opinión se sustenta no sólo en las actitudes y comportamientos, sino también en la presencia física, en el aspecto y en las múltiples facetas que ofrece la comunicación no verbal. Y ocurre lo mismo dentro de la propia empresa: la opinión que la empresa o sus representantes tienen respecto a sus empleados está condicionada también por el aspecto que estos presentan a diario. No es suficiente con ser un extraordinario profesional, también hay que parecerlo.
La corrección y las buenas maneras, los gestos y las expresiones, la manera de vestir, de combinar, de arreglarnos conforman nuestra carta de presentación. La esencia del éxito profesional se halla en armonizar lo que verdaderamente somos y lo que damos a entender con nuestra indumentaria, gestos y actitudes.

¿QUÉ ME PONGO?

En el mundo profesional la mítica pregunta “¿Qué me pongo”?, tiene una única respuesta que se puede resumir en dos palabras: lo correcto. Y lo correcto es distinto en cada caso, pero desde una única perspectiva de coherencia, lógica y sentido común. Un profesional relacionado con un trabajo creativo (publicista, diseñador gráfico, estilista), debe ser moderno, original, diferente de los demás, expresando la personalidad de la empresa sin renegar de la suya propia. El cliente quiere ver en él el reflejo de su trabajo, con buen gusto y sin extravagancias. En cambio, si el perfil profesional es más cercano al área directiva, ejecutiva o comercial, con funciones de atención al público, interesa encontrar una línea más convencional, que suscite confianza, credibilidad, seguridad, aunque sin caer en lo anodino o aburrido. En cualquiera de los casos, el estilo elegido debe proyectar nuestra propia personalidad, no opacarla, por eso es necesario que nos sintamos cómodos con nosotros mismos y con lo que llevamos puesto, como garantía de naturalidad. De lo contrario, más que vestidos estaremos disfrazados, y esta impostura al final se volverá en nuestra contra. No siempre resulta fácil encontrar el punto de equilibrio entre lo que somos y lo que parecemos, pero vale la pena esforzarse en iniciar un ejercicio de autocrítica constructiva que favorecerá a nuestros intereses.
Naturalidad, coherencia y sentido de la oportunidad son valores imprescindibles que debemos potenciar para hacer que nuestro aspecto sea un instrumento que juegue a nuestro favor y no al revés.

 

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